Las hojas del calendario pasan deprisa, quizá demasiado deprisa, y nos encontramos otra vez en noviembre, a punto de concluir el mes. Desde primeros, en las televisiones nos están anunciando la Navidad, las bombillas de las ciudades están preparadas para alegrar las calles de la ciudad en una nueva Navidad. Pero aún no ha llegado el adviento, el tiempo que la Iglesia nos regala para preparar esos días tan especiales del año.
El 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís, fue el pistoletazo de salida para que muchos belenistas en todo el mundo, comenzaran a hacer realidad sus proyectos para esta nueva Navidad; proyectos que a medida que este mes de noviembre se va a terminando, se incrementa su trabajo: en dioramas, belenes monumentales o belenes del hogar, para que todo este listo el próximo mes de noviembre.
Un año más los figuras de barro, plásticos, u otros materiales abandonan las cajas guardadas en armarios y trasteros para dar vida a lo que fue aquella primera Navidad, hace ahora 2025 años. Como hizo hace ochocientos años Francisco de Asís en Grecco. Un año más las primeras páginas del Evangelio de Mateo y Lucas toman vida en nuestras casas, parroquias, escaparates y plazas y calles para decirnos cual es el verdadero sentido de estos días, que es de verdad la Navidad.
Y como el año pasado iniciamos este camino, que no acabará en Navidad, sino que concluirá cuando tengamos un nuevo itinerario de imágenes que nos recuerden los momentos bíblicos de estos dóais, de la Navidad, y junto a ellos el texto del Evangelio en el que se basa esa obra, será como una nuevo nacimiento, igual que el del año pasado, en el que podamos ver y escuchar la historia de la Navidad, sin ánimo de lucro, y sólo con la intención de Evangelizar desde este lugar.

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