martes, 21 de enero de 2025

EL ANUNCIO A LOS PASTORES


EL ANUNCIO A LOS PASTORES

Autor.- En la actualidad se desconoce el nombre del autor de esta obra, atribuyéndose la misma a una autor, conocido como el Maestro del Anuncio a los pastores.
Fecha de ejecución.- Como ocurre con el autor, en la actualidad se desconoce la fecha exacta en la que fue realizada esta obra, pudiéndose datar como una obra realizada en la primera mitad del siglo XVII.
Técnica.- Óleo sobre lienzo.
Medida.- 180 x 261 cm.
Lugar donde se encuentra.- Museo Capodimonte.
Localidad.- Nápoles.
País.- Italia.

TEXTO DEL EVANGELIO

    En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: 

    «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». 

    De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo:
 
    «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad». 

Lucas 2, 8 - 14

MEDITACIÓN DE SAN JUAN PABLO II

    "Se les presentó un ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz, quedando ellos sobrecogidos de gran temor" (Lc 2, 9). Y de lo hondo de aquella luz que les viene de Dios y de lo profundo de aquel tenor que es la respuesta de los corazones sencillos a la Luz Divina, llega una voz: "No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría... Hoy os ha nacido un Salvador, que es el Mesías Señor" (Lc 2, 10-11). Estas palabras debieron producir una alegría inmensa en los corazones de aquellos hombres sencillos, educados y alimentados como todo el pueblo de Israel por una gran Promesa en la tradición de la espera del Mesías. Con razón dice el Mensajero que esta alegría "es para todo el pueblo" (Lc 2, 10); es decir, precisamente para el Pueblo de Dios, que andaba en tinieblas, pero no se cansaba de la Promesa. Con razón era necesario en aquella noche un Mensajero que trajese la "gran luz" de la profecía de Isaías al establo y al pesebre de Belén. Era necesaria esta luz, era necesaria "la manifestación de la gloria" (Tit 2, 13) —como escribe San Pablo— para que se pudiese leer bien la señal. "Encontraréis un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre" (Lc 2, 12). Los pastores de Belén, hombres sencillos que no sabían leer, han leído bien, de veras, la señal. Fueron los primeros entre quienes lo han leído después y lo leen ahora. Fueron los primeros testigos del misterio.

San Juan Pablo II. Homilía. Misa de la Nochebuena, Basílica de San Pedro del Vaticano, 24 de diciembre de 1979

 

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